EDUCACIÓN Y DECLAMACIÓN : La poesía declamada vuelve a la clase ::
 

El Profesor español José Ángel López Herrerías dedica su libro “Poesía y Educación” a demostrarnos que “los humanos somos seres desde y en la palabra” y que ésta “nos hace libres, iguales, dignos y hasta nos puede hacer justos.” La palabra es comunicación, es el puente entre unos y otros.

Y la poesía es la comunicación de sentimientos, de ideas saturadas de sensaciones, de búsquedas espirituales, de interpretación de lo que vivimos dentro y fuera de nosotros: “Poesía y educación. Muchas pueden ser las razones de esta simbiosis, absolutamente cercana y vivencial. Todas se resumen en una: que la palabra es lo más humanizante y que la poesía es la elaboración humana en que de forma espontánea y también reflexiva, más se hace presente el cuidado e interés por las palabras”. Y sobre esta base crea el mensaje a educadores sobre la importancia de la poesía en la educación y del aprecio, del manejo, del uso y del goce de la palabra.

Todo gran poeta que hace memoria sobre sus días en el colegio recuerda con gratitud y cariño ese maestro que le abrió las puertas a la poesía. Ya fuera porque ese profesor, amante de la poesía, les leyera en clase poemas de poetas de su gusto y admiración o porque les hiciera aprender de memoria algunos versos para recitarlos frente a la clase. La memoria de esos hechos es indeleble.

La poesía, lo sabemos todos los que hemos trabajado con jóvenes y niños, abre pasadizos del corazón a los muchachos, les despierta sentimientos, sensaciones, los pone a imaginar otros espacios, momentos, los transporta a sentir paralelamente con el poeta su emocionalidad. Aunque no pretendemos en esta obra proponer métodos de enseñanza y uso de la poesía en la educación, si queremos hacerle énfasis a todos los maestros y profesores de español y literatura, que al no brindarle en clase un espacio cálido y respetuoso a la poesía y presentarle con admiración y emoción la magia de las palabras de los poetas más reconocidos, se pierden de una maravillosa oportunidad: inspirar.

En la España del siglo XIX y XX, los profesores de escuelas y colegios, ya fueran colegios de las órdenes religiosas o instituciones privadas, establecieron la declamación como parte esencial del aprendizaje del idioma y del acercamiento a la poesía. La Declamación era ese instrumento. Las órdenes religiosas enseñaban oraciones que debían ser claro está, memorizadas, y eran normalmente rezadas en coro en la clase. Estas mismas prácticas fueron llevadas a Latinoamérica por religiosos y por maestros laicos. Hay países como México donde esta práctica tomó una importancia que aún se percibe y se aprecia. Los poemas de poetas españoles del siglo de oro fueron enseñados en los claustros de las escuelas públicas y privadas y hasta mediados del siglo XX la práctica de la memorización de poemas era bastante difundida.

Si preguntamos a personas mayores que fueron al colegio a mediados del siglo XX, es casi seguro que el único poema que recuerdan, es ese que se aprendieron en primaria, gracias a la inspiración de un buen maestro o maestra. Algunos recordarán otros poemas, especialmente si en la casa sus padres o abuelos solían recitar algunos versos que ellos a su vez recordaban. Incluso si después en su vida adulta la lectura de poesía, o escucharla recitada, fuera su pasatiempo, son solo esos poemas aprendidos en el colegio que quedarán grabados en la mente y recordar esas palabras le llevarán a ese momento, normalmente con emoción y cariño.

Hay regiones de Latinoamérica donde recitar poemas, sobretodo costumbristas, es un afición y hace parte de reuniones sociales y familiares. Algunos de estos versos se repiten entre coplas y trovas de los copleros y trovadores que todavía abundan en pueblos del continente. Estas tradiciones son muy importantes de mantener y es preciso cultivarlas entre los jóvenes para que no desaparezcan.

Pero a fines del siglo XIX y principios del XX, la “guerra” contra la aburridora e ineficiente repetición de textos, contra la memorización de fechas y eventos usados en las escuelas de la época, debilitó igualmente la enseñanza de la declamación. El correcto abandono del aprendizaje de memoria frente al advenimiento del aprendizaje inductivo, del estímulo a la creatividad, el individualismo, erradicó de paso la declamación, por ser vista como una memorización sin sentido de un texto y una representación insulsa de la palabra poética. Un error pedagógico que apenas se está corrigiendo.

Pero la práctica de la recitación no desapareció por completo. Hemos encontrado que en muchos planteles educativos, más por el interés individual de algún profesor o directivo, se siguió practicando y enseñando la declamación como parte integral del estudio del idioma. Y ahora, que nuevas corrientes reformistas han ido reconociendo la importancia de la declamación en la educación, que la expresión oral está de nuevo retomando la importancia que tuvo, vemos cómo organismos estatales de educación empiezan a incorporarla en sus planes educativos y se ofrecen talleres a maestros para enseñarles el buen uso de la poesía y la declamación en sus cursos. Los pedagogos modernos están de acuerdo en las ventajas que la enseñanza de la declamación le ofrece a los alumnos, tanto en primaria como luego en secundaria.

Estas ventajas se pueden resumir así:
1) El estímulo de la expresión oral
2) El ejercicio de la memoria
3) Promueve la auto-estima y ayuda a perder el miedo a hablar en público.
4) Promueve el entusiasmo por la poesía, por las palabras y la belleza del lenguaje.
5) Estimula la creación literaria, la composición de versos, la necesidad de expresión.
6) Mejora y corrige errores de pronunciación, enseña a hablar correctamente y vocalizar.
7) Ayuda en la adquisición de conocimientos históricos, literarios y filosóficos, sobre todo cuando el maestro explica el poema y habla sobre la vida y obra del autor.
8) Estimula el crecimiento espiritual y emocional, en especial cuando se escogen poemas líricos, profundos y trascendentales.


© 2009 - Texto escrito por hugo cuevas-mohr - Por favor citar la fuente.
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